Mediante la Cuarta Resolución del 20 de febrero de 2025, la Junta Monetaria dispuso que a partir del 1ero de enero de 2026, las entidades de intermediación financiera (EIF) deben implementar el valor razonable (también conocido como Mark to Market, en inglés) como criterio de medición de los instrumentos financieros.
En su declaración final al término de la visita de consulta del Artículo IV correspondiente a 2025, la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) destacó los avances regulatorios del país felicitando “a las autoridades monetarias y financieras por las recientes mejoras a la regulación para la protección al consumidor, la aprobación prevista del marco actualizado de riesgos operativos, y la implementación de la valoración a precios de mercado (mark-to-market) a partir de enero de 2026”.
Pero ¿qué significa la adopción del valor razonable para la banca dominicana? ¿qué impacto tendrá sobre el sistema financiero y sobre los ahorrantes? Y sobre todo: ¿por qué es tan relevante, como para que el FMI felicite a las autoridades por la decisión de adoptarlo?
Este texto aborda estas preguntas y más.
Análisis de sangre para bancos
“Eventualmente, las administraciones de este tipo logran el mismo resultado que el paciente gravemente enfermo que le dice a su médico: "No puedo pagar la operación, pero ¿aceptaría un pequeño pago para retocar las radiografías?"
Warren Buffet, Carta a los Accionistas de Berkshire Hathaway Inc. (1991)
Imaginemos una persona que quiere saber cómo está su salud. Acude al médico con dos escenarios:
· Escenario 1: el paciente no desea que sus análisis reflejen los valores reales. Quiere que los resultados oculten valores fuera de rango. Esto evocando el paciente de una la cita de Warren Buffet, que pedía que le “retoquen los resultados” de una radiografía.
· Escenario 2: el médico dice que la analítica “no es relevante”, y que cualquier resultado viejo bastaría para diagnosticar.
En el primer escenario el paciente cree que, si le ocultan los valores de sus resultados, está sano.
Ojos que no ven, corazón que no siente. Contrario al interés de detectar y tratar enfermedades a tiempo.
En el segundo caso, el médico inspira poca confianza. La analítica de ayer no dice nada sobre la salud de hoy. Si el médico no cuenta con información actualizada, no sabrá cómo tratar al paciente. Daría palos a ciegas.
La información financiera es la base de la transparencia
Ambos escenarios son absurdos, pero reflejan un principio clave: sin información veraz y actualizada, no hay transparencia ni confianza.
En el ámbito financiero, la información contable cumple el mismo papel que los análisis clínicos en la medicina: permite evaluar la salud del sistema bancario.
Estos datos permiten calcular indicadores de solvencia, liquidez, apalancamiento, rentabilidad, etc., para saber qué tan bien (o mal) andan los bancos.
Los usuarios de la información incluyen a analistas, depositantes y supervisores (como la Superintendencia de Bancos y el Banco Central). También a las calificadoras de riesgo y los organismos multilaterales.
Por ello, la información financiera de las entidades debe reflejar fielmente su situación real.
Lo contrario erosiona la confianza no solo en una institución, sino potencialmente en todo el sistema financiero.
¿Qué es el valor razonable de las inversiones?
Valorar instrumentos a su valor razonable es lo que se conoce como mark to market – que literalmente se traduce como “marcar al precio de mercado”. Sin embargo, no siempre existen precios observables en el mercado. En esos casos, las entidades deben recurrir a estimaciones razonables y verificables, utilizando metodologías de valoración reconocidas y datos consistentes con las condiciones del mercado
Esta es una buena práctica internacionalmente reconocida, cuando la intención de un inversionista es obtener beneficios de su portafolio de inversiones haciendo trading o vendiendo valores negociables.
El uso de valor razonable está fundamentado en las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), que son reglas contables adoptadas y aplicada en la mayoría de los países del mundo. En particular se resaltan las siguientes:
· NIIF 9: sobre clasificación y medición de instrumentos.
· NIIF 13: sobre cómo determinar el valor razonable (y su jerarquía de niveles).
· NIIF 7: que ofrece revelaciones claras para que el lector entienda cifras y riesgos.
La NIIF 9 contempla, además, que se registren las inversiones en uno de tres portafolios, según el modelo de negocios. Veamos:
· Si la intención es obtener beneficios de la compraventa de valores negociables (hacer trading), se llevan a valor de mercado, con impactos de ganancias o pérdidas pasando por el estado de resultados.
· Si el objetivo es tener los valores disponibles para venta (por necesidad de liquidez o por si aparece una oportunidad de vender y obtener beneficios), se llevan a valor razonable con impacto en el patrimonio. Cualquier ganancia o pérdida no realizada se refleja en “Otros Resultados Integrales (ORI)”.
· Por último, si la intención es percibir rendimientos de cupones y mantener la inversión hasta su vencimiento, entonces se registra al costo amortizado.
Esta última forma de registrar inversiones es la que más se parece al régimen contable actual –donde se registra al precio de compra y ajustándolo gradualmente por la amortización de las primas o descuentos --tiene la particularidad de que el costo al que se adquiere una inversión (como un bono), no siempre refleja su valor de mercado. Por ejemplo, el precio de los bonos fluctúa con las tasas de interés del mercado.
Llevar las inversiones a su costo amortizado puede volverse como los resultados de una analítica de sangre desactualizada. Hoy, puede haber algún valor fuera de rango –o pérdida oculta— que no se refleja en los resultados de ayer.
Los mercados no son tontos. La información fluye, y los inversionistas y ahorrantes pueden darse cuenta si el portafolio de instrumentos financieros de un banco no refleja su valor de mercado, ocultando posibles pérdidas no realizadas.
Eso pasó en los Estados Unidos en 2023 con una crisis bancaria regional, liderada por la quiebra del Silicon Valley Bank, una entidad que llevaba inversiones a vencimiento, pero que mantenía latentes pérdidas no realizadas. En el mercado corrió la información de que, si se aplica el valor razonable al portafolio de inversiones del Silicon Valley Bank, impactaba negativamente su solvencia.
Los depositantes del Silicon Valley Bank “decidieron con los pies”, retirando sus depósitos, generando una crisis de iliquidez y obligando a que las autoridades tomaran el control de la entidad.
Valor razonable en la banca dominicana
El caso de Silicon Valley Bank no busca escandalizar, sino llamar a reflexión. El sistema financiero dominicano es solvente y con adecuada capacidad de absorción de pérdidas: así lo reconocen internacionalmente las principales calificadoras de riesgos y los organismos multilaterales, como el FMI.
Ahora bien, no podemos dormirnos en los laureles. Hay que mantener el sistema adaptado a las reglas contables y prudenciales internacionales. Esta es la forma de cuidar la salud financiera con credibilidad externa. También evidencia los niveles de madurez alcanzados.
Es por esto por lo que el FMI felicita la adopción del valor razonable en el sistema financiero.
La cartera de créditos —todos los préstamos que las entidades desembolsan— que es el principal activo financiero de la banca. Sin embargo, cada vez más las inversiones (bonos, cuotas de fondos de inversión, y más recientemente acciones), son una parte más importante de los activos del sistema.
Para muestra, un par de botones desde el SIMBAD, el portal estadístico de la Superintendencia de Bancos:
Al cierre de noviembre de 2025, el portafolio de inversiones de las entidades de intermediación financiera sumaba DOP 1.03 billones. Contra el relieve del total de activos de DOP4.19 billones, representa alrededor de un 25%. Es decir que 1 de cada 4 pesos de activos de los bancos está en una inversión financiera.
Hace 10 años —al cierre de noviembre de 2015— las inversiones eran apenas 16% del total de activos de la banca dominicana. Esto es un aumento de 9 puntos porcentuales. Dicho de otra forma, hoy los bancos tienen más valores negociables que hace 10 años.

La custodia de valores negociables en nuestro país se mantiene al alza, y al cierre de noviembre de 2025 ronda los DOP 3.07 billones —monto superior a la cartera de créditos del sistema que suma DOP 2.37 billones.

Al pesar un 25% del activo total de la banca, es importante que las inversiones estén bien valoradas. Por ejemplo, una reducción de apenas 5%, del valor de las inversiones implicaría unos DOP 50 mil millones de diferencia para el sistema financiero. Esas pérdidas irían directa o indirectamente (vía resultados) al patrimonio de las entidades, que es el colchón que cuida a los ahorrantes para absorber pérdidas inesperadas que los bancos puedan experimentar.
¿Qué significa esto para los ahorrantes?
La entrada del valor razonable no tendrá un impacto directo en los ahorrantes. La medida no toca los depósitos del público. Los usuarios podrán seguir ahorrando, tomando préstamos y usando el sistema de pagos. Los ahorros siguen cubiertos por el seguro de depósitos del Fondo de Contingencia hasta DOP 2.355 millones por persona.
Indirectamente, la implementación del valor razonable aportará transparencia a los ahorrantes. También mayor credibilidad al sistema financiero nacional. Mensaje que va en línea con La fortaleza que la economía dominicana exhibe internacionalmente. También es un bloque importante que permitirá actualizar parte de la normativa prudencial en línea con los estándares internacionales vigentes, conocidos como Basilea III.
Finalmente, si al aplicar las reglas de valor razonable, hay entidades que tengan que tomar medidas para mejorar su adecuación patrimonial —que es la barrera que protege a los ahorrantes contra pérdidas inesperadas—entonces es mejor que así sea, que mantener dicha situación fuera de vista.
En suma, la entrada del valor razonable para los instrumentos financieros de las entidades bancarias es otro paso en la dirección de seguir consolidando la credibilidad y estabilidad del sistema financiero nacional.