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En las últimas dos décadas, el sistema financiero dominicano ha mostrado un crecimiento constante y una mayor diversificación de actores. Este análisis ofrece una visión general de cómo han evolucionado sus activos, cuál es su peso relativo dentro de la economía y por qué resulta útil comprender las conexiones entre banca, pensiones, seguros y mercado de valores para tener una idea más clara de su papel en la estabilidad y el desarrollo económico.

El sistema financiero dominicano ha experimentado una expansión significativa en las últimas dos décadas. Los activos de las entidades de intermediación financiera (EIF) han aumentado de forma ininterrumpida desde la crisis de 2003, al igual que los fondos de pensiones, el mercado de valores y los fideicomisos. Sin embargo, pocos logran dimensionar estos crecimientos, tanto frente al Producto Interno Bruto (PIB) como en términos relativos, de cada segmento respecto de los demás.

La tarea no es vana. Comprender las dimensiones permite ver cómo se interconectan los mercados: por ejemplo, la relación entre los activos bajo administración (assets under management —AUM) de los fondos de pensiones, los activos bajo custodia del mercado de valores y los AUM de los fondos de inversión. También ayuda a tener una idea más clara de dónde están invertidas las reservas de las aseguradoras o de la creciente importancia de la cartera de inversiones de las EIF dentro de sus activos totales. Igualmente, permite entender qué está interrelacionado con qué, y cómo funcionarían los canales de transmisión de riesgo sistémico en un eventual episodio de tensión.

Asimismo, es importante comprender cuáles son los activos bajo supervisión (assets under direct supervision —AUS) de cada ente del sistema. Esto incluye varias superintendencias (Bancos, Pensiones, Mercado de Valores y Seguros) y el Instituto de Desarrollo y Crédito Cooperativo (IDECOOP). Contar con esta información es clave para dimensionar si cada entidad supervisora tiene recursos financieros y humanos acordes con su responsabilidad supervisora. Además de permitir visibilizar posibles “lagunas de supervisión”, donde no queda del todo claro quién sería responsable si algo sale mal y se ponen en riesgo bienes del público –o peor, si se compromete la estabilidad financiera.

Quizás muchos recuerdan una serie de gráficos que mostraban los planetas y las galaxias en escala, evidenciando con precisión las diferencias de magnitud entre ellos y, en consecuencia, lo pequeños que somos dentro del universo. Ese ejercicio comparativo del universo permitía dimensionar realidades que, en términos absolutos, resultaban difíciles de comprender.

De manera análoga, el presente análisis aplica ese mismo principio de escala para dimensionar los activos del sistema financiero dominicano, con el propósito de visualizar su tamaño relativo, comprender sus proporciones y apreciar con mayor claridad las interrelaciones que estructuran el sistema en su conjunto. El punto de contraste será el sistema bancario tradicional.

¿Qué es el sistema financiero y cuál es su función en la economía?

El sistema financiero es la red que conecta a quienes tienen recursos disponibles con quienes necesitan financiamiento. A través de bancos, fondos de pensiones, aseguradoras y mercados de valores, se moviliza el dinero que sostiene la inversión, la producción, el consumo y la generación de empleo. En la República Dominicana, este sistema cumple dos funciones esenciales:

Intermediación financiera y sistema de pagos, al facilitar pagos y transacciones, y permitir la transformación de madurez de distintos tipos de activos (de corto y largo plazo);

Macroeconómica, al promover estabilidad, crecimiento e inclusión financiera.

Marco legal e institucional

El funcionamiento del sistema financiero dominicano se apoya en un marco normativo, encabezado por la Ley Monetaria y Financiera núm. 183-02, que establece las reglas básicas para la intermediación y la estabilidad del sistema. Bajo esta ley, la Administración Monetaria y Financiera —compuesta por la Junta Monetaria, el Banco Central y la Superintendencia de Bancos— vela por la estabilidad y el cumplimiento de normas prudenciales.

La supervisión se organiza de manera sectorial a través de organismos especializados:

Superintendencia de Bancos (SB): supervisa los Bancos múltiples, Bancos de Ahorro y Crédito, Asociaciones de Ahorros y Préstamos; Corporaciones de Crédito y a las fiduciarias que pertenecen a grupos bancarios y sus fideicomisos (Ley núm. 183-02).[LP1.1]

Superintendencia del Mercado de Valores (SIMV): supervisa a los participantes del mercado de valores, incluyendo a los puestos de bolsa, las sociedades administradoras de fondos de inversión y los fondos que gestionan; y las fiduciarias y fideicomisos de oferta pública (Ley núm. 249-17).

Superintendencia de Pensiones (SIPEN): supervisa a las Administradoras de Fondos de Pensiones (Ley núm. 87-01) y a los fondos de pensiones.

Superintendencia de Seguros (SIS): supervisa compañías o sociedades de seguros, reaseguros, corredores de seguros y ajustadores (Ley núm. 146-02).

Esta arquitectura institucional cubre los principales segmentos del sistema financiero formal. No obstante, existen otros intermediarios —como las cooperativas de ahorro y crédito— que realizan actividades financieras bajo la supervisión del Instituto de Desarrollo y Crédito Cooperativo (IDECOOP).

Los principales actores del sistema financiero dominicano

Analizando una comparativa general del sistema financiero dominicano se observa que, a diciembre de 2025, los activos del sistema bancario alcanzan DOP 4.15 billones, consolidando su papel como columna vertebral del sistema financiero. Sin embargo, el mercado de capitales, con valores negociables bajo custodia por DOP 3.13 billones, proyecta un importante crecimiento dentro del ecosistema financiero dominicano. Asimismo, las AFP administran fondos de pensiones que rondan los DOP 1.60 billones bajo administración.

Ciertamente, existe un grado de solapamiento entre los activos de estos tres segmentos del mercado financiero. Por lo que no sería correcto agregar los montos. Por ejemplo, los valores bajo custodia en el mercado de capitales incluyen unos DOP 1.4 billones de inversiones de los fondos de pensiones; y aproximadamente DOP 1.0 billón de inversiones de la banca (incluyendo cuotas de fondos abiertos, y otras inversiones que pueden estar a valor razonable o a costo amortizado).

Estos datos evidencian que, si bien la banca mantiene el mayor volumen de activos propios, el financiamiento vía mercado de capitales y la gestión de activos institucionales han ganado relevancia estructural.

*Nota: No se incluyen fondos abiertos.

Fuente: SIMBAD, SIMV, SIPEN y ADOSAFI. 

*Nota: No se incluyen fondos abiertos.

**PIB nominal 2025 estimado. Informe Preliminar de la Economía Dominicana, Banco Central.

Fuente: SIMBAD, SIMV, SIPEN, y ADOSAFI. 

Si se compara la magnitud de los activos entre los distintos intermediarios financieros, se observa una estructura mucho más fragmentada de lo que sugiere el dominio bancario. Los puestos de bolsa concentran activos por DOP 374 mil millones, superando a las cooperativas (que se estiman en unos DOP 300 mil millones) y a los bancos de ahorro y crédito (82 mil millones), y situándose muy cerca de las asociaciones de ahorro y préstamo (404 mil millones), según el tamaño de sus activos.

Este posicionamiento confirma el crecimiento sostenido del mercado de valores en los AUM y los activos de los puestos de bolsa, reflejando su papel cada vez más relevante en la canalización de las inversiones y la diversificación de las fuentes de financiamiento.

Por su parte, las cooperativas mantienen un peso significativo en la base del sistema, especialmente en segmentos de baja bancarización. Estos datos (estimados a diciembre de 2022) muestran que la intermediación financiera en República Dominicana opera en múltiples capas: mientras la banca sostiene el grueso de los activos, otros actores participan activamente en la movilización de recursos hacia distintos sectores de la economía.

Todo lo anterior implica que entre el sector bancario y el cooperativo existen los mismos riesgos (crédito, mercado, operacional), pero en desigualdad de regulación y de supervisión. Esto da lugar a bolsillos de riesgo sistémico y lo que se conoce como oportunidades de arbitraje regulatorio que las cooperativas pueden aprovechar para sacar ventajas competitivas.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha prestada atención a esta realidad, en reiteradas ocasiones, a través de sus informes de Artículo IV para la República Dominicana. El mantra que se utiliza en la regulación es que las “actividades y riesgos similares, deben significar regulación similar” (en inglés: “same risks, same activity, same regulation”).

*Estimación al 31 de diciembre de 2022.

Fuente: SIMBAD, SIMV e Informe de Luis Cortavarria.

Tendencias y desafíos

En los últimos años, el sistema financiero ha mantenido un ritmo de expansión constante, acompañado de una creciente interconexión entre sus distintos segmentos.

Los cinco principales bancos concentran el 78.2% del total de activos bancarios, lo que confirma una alta concentración en el sistema. Banreservas lidera con más de DOP 1.2 billones, seguido del Banco Popular (DOP 930 mil millones) y el BHD (DOP 646 mil millones). Además, los activos de los puestos de bolsa, que ascienden a unos 374 mil millones de pesos, ya se ubican en niveles comparables a entidades relevantes del sistema bancario, entrando algunos en el top 10 de entidad por su tamaño de activos.

Mientras que, si se toman las primeras 20 entidades del sistema por sus niveles de activos, hay 6 puestos de bolsa en la lista.

Fuente: SIMBAD y SIMV.

Un ecosistema interconectado

Las fronteras entre los distintos segmentos del sistema financiero dominicano se han vuelto cada vez más difusas. Los bancos participan activamente en el mercado de valores; las AFP canalizan recursos de los fondos de pensiones hacia instrumentos privados y los puestos de bolsa consolidan su papel como intermediadores relevantes, captando fondos a través de productos estructurados. Esta integración ha dado lugar a un sistema más dinámico –pero también interconectado.

Dicha interconexión introduce nuevos canales de transmisión de riesgo que requieren una supervisión macroprudencial mucho más integrada. No solo surgen exposiciones cruzadas por el lado de los activos, sino también por el lado de los pasivos, en la medida en que distintas instituciones mantienen depósitos en el sistema bancario, generando riesgo de crédito de contraparte ante eventuales tensiones de solvencia. Además, se requiere de una visión agregada de las reglas de juego, para evitar posibilidades de arbitraje regulatorio. O peor: que se hinchen bolsillos de riesgo potencial que queden desatendidos, y que crezcan hasta que se hace demasiado tarde, y luego estallan.

El desafío consiste en fortalecer la capacidad regulatoria para identificar vulnerabilidades sistémicas sin frenar la competencia ni la innovación. Mantener el equilibrio entre estabilidad, eficiencia e inclusión será clave para consolidar un sistema financiero resiliente y capaz de sostener el desarrollo económico del país.

Blog institucional

Dimensionando los activos del sistema financiero dominicano